miércoles, 10 de noviembre de 2021

martes, 26 de octubre de 2021

Ejercicios Mindfulness ... y texto

Práctica para entrar en el modo SER Un paseo por tus 5 sentidos Observando tu respiración Escaneo corporal Observando tus pensamientos Meditación para subir la autoestima Práctica de Mindfulness al caminar 40 respiraciones y pausas Mindfulness en la comida Disfruta de tu tacto Trasciende tus miedos Tu reflejo en el espejo Viendo el mundo con nuevos ojos Practicando la gratitud Mindfulness en tu vida cotidiana Conecta con tu corazón Conectando con el amor que eres en esencia Movimiento espontáneo Mindfulness musical Mindfulness con la escritura Mindfulness con afirmaciones Sintiendo todas tus emociones Así que si quieres intergrar la práctica de Mi

miércoles, 20 de octubre de 2021

Frases Sanadoras de la herida de Traición

Frases sanadoras para profundizar en la herida de traición - ¡Hola traición! eres la herida que experimento cuando una persona concreta, un grupo de personas o una institución rompe la confianza que había depositado en ellos provocándome una gran inseguridad. - Tal vez esta confianza fue pactada explícitamente, de forma que nos hicimos una promesa o llegamos a un acuerdo que la otra parte no cumplió faltando a su palabra. - Pero también puede ser que este pacto nunca se diera realmente, sino que yo mismo me creé un ideal dando por sentado una serie de compromisos según mis valores o creencias internas, por lo que fue mi propia expectativa la que terminó defraudándome. - Todo lo que yo experimento como engaño, mentira, ocultación o manipulación puede provocarme el sentimiento de que he sido traicionado si interpreto una mala intención en ello, o cuando siento que no han tenido en cuenta mis necesidades o mis preferencias por falta de interés. - Y todo lo que yo sienta que me han hecho y me ha dolido, si yo considero que jamás lo hubiera hecho igual porque sería incapaz de ser tan desconsiderado, también lo puedo experimentar como una traición. - Dependiendo de quién sea la persona que me traicione y de sus cualidades, si es hombre o mujer, joven o viejo, de dentro o fuera de la familia, una figura de autoridad o un equivalente a nivel jerárquico, puede provocarme una o varias de estas emociones: ira, tristeza, culpa, desvalorización, vergüenza o miedo. - Mi temor puede deberse ante la duda de si podré recuperar alguna vez la confianza que he perdido con esa persona cuando, a pesar de la traición, sigo queriendo que forme parte de mi vida porque la amo o porque la necesito. - Y también puedo sentir temor de que me traicione alguien que nunca me ha dado indicios de que pudiera hacerlo, especialmente cuando todavía no he logrado sanarme de las traiciones que sufrí en mi pasado personal o que sufrieron los míos en su pasado si lo cargo por ellos por lealtad familiar. - Respecto a la vida en general puedo sentirme traicionado también, o bien porque me enfermé, o porque murió alguien a quien amaba mucho, o ante cualquier tragedia que yo no le haya perdonado a la vida, provocándome una gran desconfianza por el temor de que me vuelva a ocurrir. - ¡Hola traición!, necesito aprender a utilizarte para ser prudente pero no obsesivo, y sobre todo para que no tiñas toda mi vida de desconfianza y de rencor, así que decido aprender de ti para crecer interiormente y no para quedarme atrapado en el dolor.

martes, 19 de octubre de 2021

domingo, 12 de septiembre de 2021

Escucha tu propia Voz (Rafik) texto de Osho

“Simplemente mira hacia dentro. ¿A quién pertenece esta voz? A veces es la de tu padre, a veces es la de tu madre, a veces es la de tu abuelo, a veces es la de tu profesor, y todas esas voces son diferentes. Sólo hay una cosa que no serás capaz de encontrar fácilmente: tu propia voz. Siempre ha sido suprimida. Se te ha dicho que escuches a tus mayores, que escuches al cura, que escuches a los profesores. Nunca se te ha pedido que escuches a tu propio corazón. Tú llevas contigo una pequeña y apacible voz propia, que no ha sido escuchada y que, en medio de la multitud de voces que te han sido impuestas, es casi imposible de encontrar. Primero tendrás que liberarte de todos esos ruidos y lograr una cierta cualidad de silencio, de paz, de serenidad. Sólo entonces ella vendrá, y te sorprenderá (saber) que tú también tienes tu propia voz. Siempre ha estado ahí, como una corriente subterránea. A menos que hayas encontrado tu inclinación natural, tu vida va a ser una tragedia muy, muy larga, desde que naces hasta que mueres. Las únicas personas que han sido felices en el mundo, son las personas que han vivido de acuerdo con su propia intuición y se han rebelado contra cualquier esfuerzo hecho por otros para imponer sus ideas. Por muy valiosas que puedan ser esas ideas, son inútiles porque no te pertenecen. La única idea significativa es la que surge de ti, la que crece en ti, la que florece en ti… Libérate de las voces que hay en tu interior y pronto te sorprenderás al escuchar una voz tranquila, diminuta, que no has escuchado nunca antes...[tendrás] entonces un reconocimiento súbito de que esa es tu voz. Siempre ha estado allí, pero es una voz muy tranquila y diminuta que nunca has escuchado antes, porque fue suprimida cuando eras un niño pequeñito, y la voz era muy pequeña, sólo un brote, y se cubrió con todo tipo de desperdicios. Y ahora continúas cargando todos esos desperdicios, olvidando la planta, que es tu vida, que está viva todavía, esperando que la descubras. Descubre tu voz y luego síguela sin miedo. A donde sea que te lleve, esa es la meta de tu vida, ese es tu destino. Sólo allí encontrarás plenitud, complacencia. Solamente allí florecerás, y en ese florecimiento se da el saber”. Osho, hermano y amigo From Ignorance to Innocence Ver menos

sonido, texto bueno de J, Goldman.

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miércoles, 18 de agosto de 2021

viernes, 30 de julio de 2021

Flow summit día 2.

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Liberación Cuerpo Dolor (resumen)

Deisy AbreuLa Ciencia de la Vibración.《El Poder del Pensamiento》 · 11 de julio a las 14:18 · Oz Castaneda: LA LIBERACIÓN DEL CUERPO DEL DOLOR “¿Por qué te quedas en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par? ~ Rumi El comienzo de la libertad implica que para liberarnos del cuerpo del dolor debemos reconocer que lo tenemos. Después, y más importante todavía, es preciso mantenernos lo suficientemente presentes y alertas para notar el cuerpo del dolor cuando se activa en nosotros, como un flujo pesado de emoción negativa. Cuando lo reconocemos, ya no puede fingir que es nosotros, ya no puede hacerse pasar por nosotros, ni vivir ni renovarse a través de nosotros. La identificación con el cuerpo del dolor se rompe con la Presencia consciente. Cuando dejamos de identificarnos con él, el cuerpo del dolor pierde todo control sobre nuestra forma de pensar y, por tanto, no puede alimentarse de nuestros pensamientos para renovarse. En la mayoría de los casos, el cuerpo del dolor no se disuelve inmediatamente. Sin embargo, una vez roto su vínculo con nuestros pensamientos, comienza a perder energía. La emoción ya no nubla nuestro pensamiento; el pasado ya no distorsiona nuestras percepciones del presente. Entonces, la frecuencia en la cual vibra la energía atrapada anteriormente cambia y se transmuta en Presencia. Es así como el cuerpo del dolor se convierte en combustible para la conciencia. Y ésta es la razón por la cual los hombres más sabios e iluminados de nuestro planeta tuvieron también alguna vez un cuerpo del dolor denso y pesado. De todos los seres humanos emana un campo de energía correspondiente a su estado interior. Y la mayoría de las personas lo pueden percibir, aunque se perciba únicamente a nivel subliminal. Esto quiere decir que los demás no saben por qué la perciben. No obstante, esa energía determina en gran medida la forma como reaccionan frente a la persona. Algunas personas, cuando conocen a otra, perciben claramente su energía, incluso antes de cruzar palabra con ella. Cuando reconocemos que los cuerpos del dolor buscan inconscientemente más dolor, es decir, que desean que suceda algo malo, comprendemos que muchos accidentes de tránsito son causados por los conductores cuyos cuerpos del dolor están activos en ese momento. Muchos actos de violencia son cometidos por personas "normales" que pierden la cabeza transitoriamente. ¿Significa esto que las personas no son responsables de sus actos cuando están bajo el control de su cuerpo del dolor?... … ¿Cómo podrían serlo? ¿Cómo podemos ser responsables cuando estamos inconscientes, cuando no sabemos lo que hacemos? Cuando ya no podemos soportar más el ciclo permanente de sufrimiento, comenzamos a despertar. El sufrimiento ocupa un lugar necesario en el esquema general de las cosas; los seres humanos están destinados a evolucionar hasta convertirse en seres conscientes. Quienes no lo hagan, sufrirán las consecuencias de su inconsciencia. Un día vino a verme una mujer de unos treinta años. Cuando me saludó, pude sentir el sufrimiento a pesar de su sonrisa amable y superficial. A los pocos segundos de comenzar a contarme su historia, su sonrisa se convirtió en una mueca de dolor. Entonces rompió a llorar inconsolablemente. Me dijo que se sentía sola y fracasada. Estaba llena de ira y tristeza. Siendo niña había sufrido los abusos de un padre físicamente violento. Vi claramente que su sufrimiento no se debía a las circunstancias de su vida en ese momento sino a que cargaba el peso de un cuerpo del dolor muy denso. Su cuerpo del dolor se había convertido en el filtro a través del cual veía la situación de su vida. Todavía no estaba en capacidad de ver la conexión entre el dolor emocional y sus pensamientos, puesto que estaba completamente identificada con ambos. No podía reconocer que estaba alimentando su cuerpo del dolor con sus pensamientos. En otras palabras, vivía con la carga de un yo muy infeliz. Sin embargo, en algún nivel debió reconocer que la fuente del sufrimiento estaba en su interior, que ella misma era su carga. Estaba lista para despertar y por eso había acudido a mí. Le pedí que llevara su atención a lo que sentía en el interior de su cuerpo y que sintiera la emoción directamente, no a través del filtro de sus pensamientos de infelicidad, de su historia de tristeza. Dijo que había venido con la esperanza de que yo le mostrara el camino para salir de su infelicidad, no para entrar en ella. Sin embargo, hizo lo que le pedí, aunque con algo de renuencia. Lloraba y temblaba. "Eso es lo que siente en este momento", le dije, "no hay nada que pueda hacer ahora porque eso es lo que siente en este momento. Entonces, en lugar de cambiar la forma como se siente en este momento, lo cual generará más sufrimiento, ¿cree posible aceptar por completo lo que siente ahora?" Guardó silencio unos instantes. Súbitamente se mostró impaciente como si quisiera levantarse y dijo enojada, "no, no deseo aceptar esto". "¿Quién está hablando?", le pregunté, "¿usted o su infelicidad? ¿Se da cuenta de que su infelicidad por estar infeliz es otra capa más de infelicidad?" Calló nuevamente. "No le estoy pidiendo que haga algo. Lo único que le pido es que trate de descubrir si le es posible permitir que esos sentimientos residan ahí. En otras palabras, y esto puede parecerle extraño, ¿qué sucede con la infelicidad? ¿No desea averiguarlo?" Me miró intrigada durante unos momentos, y al cabo de un minuto de silencio, noté un cambio importante en su campo de energía. Dijo, "es raro, todavía me siento infeliz, pero ahora hay un espacio alrededor, parece que me pesara menos". Fue la primera vez que alguien utilizó esa descripción: hay espacio alrededor de mi infelicidad. Ese espacio se produce cuando aceptamos interiormente lo que estamos experimentando en el presente. No dije mucho más para dejarla vivir su experiencia. Más adelante comprendió que en el mismo momento en que dejó de identificarse con el sentimiento, con esa emoción dolorosa que vivía en su interior, tan pronto como centró su atención sin tratar de resistirse, ese sentimiento ya no podría controlarla ni controlar su pensamiento, ni mezclarse con una historia inventada por su mente y titulada "Mi pobre yo infeliz". Encontró otra dimensión en su vida, la cual trascendía ese pasado personal: la dimensión de la Presencia. Puesto que es imposible ser infeliz sin una historia triste, hasta ahí llegó su infelicidad. También fue el comienzo del fin de su cuerpo del dolor. La infelicidad no es más que la combinación de la emoción con una historia triste. Cuando terminó nuestra sesión, fue muy satisfactorio para mí ver que venía de ser testigo del surgimiento de la Presencia en otro ser humano. La razón misma de nuestra existencia en forma humana es traer a este mundo esa dimensión de la conciencia. También había visto cómo se había disminuido el cuerpo del dolor, no como consecuencia de una lucha, sino al proyectar sobre él la luz de la conciencia. A los pocos minutos de irse mi visitante, se presentó una amiga a dejarme algo. Tan pronto como entró en la habitación dijo, "¿qué pasó aquí?" Se siente una energía pesada y lóbrega. Casi podría decir que me siento mal. Debes abrir las ventanas y quemar incienso". Le expliqué que venía de presenciar una gran liberación en una persona con un cuerpo del dolor muy denso y que lo que estaba sintiendo seguramente era parte de la energía liberada durante esa sesión. Sin embargo, mi amiga no quiso quedarse para escuchar toda la historia. No veía la hora de salir. Abrí las ventanas y salí a cenar en un restaurante indio cercano. Lo que sucedió allí fue otra confirmación más de lo que ya sabía: que en un plano, todos los cuerpos del dolor, aparentemente individuales, están conectados. Sin embargo, la forma como obtuve la confirmación fue bastante estremecedora. Me senté en el restaurante y pedí la comida: Había otros pocos comensales. En una mesa cercana estaba terminando de comer un señor de edad madura, sentado en una silla de ruedas. Me dirigió una mirada breve pero intensa. Al cabo de unos pocos minutos, se mostró alterado, agitado y comenzó a sacudirse. Cuando el mesero se acercó a retirarle el plato, el señor comenzó a discutir con él. "La comida estuvo pésima". "¿Entonces por qué la comió?" preguntó el mesero. Esas palabras bastaron para que se deshiciera en improperios. Comenzó a gritar y de su boca salían toda clase de insultos. El comedor se llenó de un odio intenso y violento. Podíamos sentir cómo esa energía penetraba en el cuerpo en busca de algo a lo cual aferrarse. El hombre pasó a gritarles a los demás comensales, pero por alguna razón me ignoró por completo mientras yo permanecía en intensa Presencia. Sospeché que el cuerpo del dolor universal había regresado para decirme, "pensaste que me habías derrotado, pero mírame, aquí estoy". También contemplé la posibilidad de que el campo de energía que se había liberado durante la sesión me había seguido al restaurante y se había pegado a la única persona en quien encontró una frecuencia vibratoria compatible, es decir, un cuerpo del dolor pesado. El administrador abrió la puerta, "sólo váyase, váyase". El hombre salió a toda velocidad en su silla, dejando a todo el mundo aturdido. Un minuto después regresó. Su cuerpo del dolor no había terminado todavía. Necesitaba más. Empujó la puerta con la silla de ruedas, gritando vulgaridades. Una mesera trató de impedirle entrar y él se impulsó hacia adelante clavando a la muchacha contra la pared. Algunos de los comensales se levantaron para tratar de retirarlo. Hubo gritos, chillidos y se armó el desorden. Un poco más tarde se presentó un agente de policía, el hombre se tranquilizó y se le pidió que se fuera y no regresara. Por fortuna, la mesera no estaba lastimada, salvo por unos cuantos moretones en las piernas. Cuando retornó la calma, el administrador se me acercó y me preguntó,"¿Usted provocó todo esto?", un poco en broma pero quizás sintiendo que había una conexión. En los niños, el cuerpo del dolor a veces se manifiesta a través del mal humor o el retraimiento. El niño se torna hosco, se niega a relacionarse y puede sentarse en un rincón a chuparse el dedo o abrazado a un muñeco. También se puede manifestar a través de accesos de llanto o de pataletas. El niño grita, se tira al piso o incurre en comportamientos destructivos. El hecho de no conseguir lo que desea puede desencadenar al cuerpo del dolor, y en un cuerpo del dolor apenas en desarrollo, la fuerza del deseo puede ser intensa. Los padres podrán sentirse perplejos sin saber qué hacer y sin poder creer que su pequeño ángel se ha convertido en un monstruo en tan sólo unos segundos. "¿De dónde sale tanta desesperación?" se preguntan. Es, en mayor o menor medida, la participación del niño en el cuerpo colectivo de la humanidad, el cual se remonta al origen mismo del ego humano. Pero el niño quizás recibió sufrimiento de los cuerpos del dolor de sus padres, de tal manera que estos podrán ver en su hijo el reflejo de lo que hay en ellos. El cuerpo del dolor de los padres puede afectar profundamente a los niños altamente sensibles. El hecho de tener que presenciar la demencia del drama de sus padres les provoca un dolor emocional insoportable, de tal manera que son estos niños quienes llegan a tener cuerpos del dolor muy densos en la edad adulta. Los padres que tratan de ocultar sus cuerpos del dolor no engañan a sus hijos. "No debemos pelear delante de los niños", dicen, pero eso sólo significa que mientras conversan educadamente, el hogar está cargado de energía negativa. Suprimir el cuerpo del dolor es extremadamente tóxico, mucho más que dejarlo manifestar abiertamente, y los niños absorben esa toxicidad psíquica, la cual contribuye a acrecentar sus propios cuerpos del dolor. Algunos niños aprenden acerca del ego y del cuerpo del dolor por la vía subliminal, por el solo hecho de vivir con padres altamente inconscientes. Una mujer cuyos dos progenitores tenían un ego y un cuerpo del dolor muy fuertes me dijo que cuando sus padres se gritaban y se ofendían, a pesar de amarlos, ella se decía, "estas dos personas están locas. ¿Cómo terminé yo aquí?" Ya tenía la conciencia de la demencia de esa clase de vida. Las cosas relativamente insignificantes que en otra persona provocarían solamente un encogimiento de hombros y una sonrisa indiferente, se convierten en la causa aparente de un sufrimiento intenso. Y claro está que no son la causa verdadera, sino el factor desencadenante, el cual revive las viejas emociones acumuladas. La emoción se aposenta luego en la cabeza, donde amplifica e imprime energía a las estructuras egotistas de la mente. El cuerpo del dolor y el ego son parientes cercanos. Se necesitan mutuamente. El suceso o la situación desencadenante se interpreta y se pone en escena a través de la pantalla de un ego altamente emocional. Esto quiere decir que su significado se distorsiona completamente. Vemos el presente a través de los ojos del pasado emocional que llevamos dentro. En otras palabras, lo que vemos o experimentamos no está en el suceso ni en la situación, sino en nosotros. O, en algunos casos, aunque sea parte del suceso o de la situación terminamos amplificándolo con nuestra reacción. Esta reacción, esta amplificación, es el alimento que el cuerpo del dolor desea y necesita. La persona poseedora de un cuerpo del dolor pesado encuentra a veces imposible distanciarse de su interpretación distorsionada, de su "historia" cargada de emoción. Mientras más emoción negativa haya en una historia, más pesada e impenetrable es ésta. Así, la historia no se reconoce como tal sino que se la confunde con la realidad. Cuando estamos completamente atrapados en el devenir del pensamiento y las emociones que lo acompañan, es imposible desprendernos porque ni siquiera sabemos que podemos hacerlo. Estamos atrapados en nuestra propia película o ilusión. Y hasta donde sabemos, nuestra reacción es la única reacción posible. La emanación de energía de una persona con un cuerpo del dolor activo es muy particular y les resulta muy desagradable a los demás. Cuando se cruzan con esa persona, hay quienes sienten la necesidad de apartarse inmediatamente o de reducir al mínimo su interacción con ella. Se sienten repelidas por su campo de energía. Otras personas sienten una ola de agresión dirigida contra ellas y reaccionan con grosería atacándola verbalmente o hasta físicamente también. Eso significa que hay algo en su interior que resuena con el cuerpo del dolor del otro. Aquello contra lo cual reaccionaron con tanta fuerza vive en su interior también. Es su propio cuerpo del dolor. No sorprende entonces que las personas cuyos cuerpos del dolor son pesados y activos vivan con frecuencia en situaciones de conflicto. Algunas veces, como es natural, ellas mismas las provocan. Pero otras veces quizás ni siquiera hagan nada. La negatividad que emanan es suficiente para atraer la hostilidad y generar el conflicto. Se necesita un alto grado de Presencia para evitar reaccionar cuando se está frente a una persona con un cuerpo del dolor tan activo. Cuando logramos estar presentes, a veces sucede que nuestra Presencia lleva a la otra persona a dejar de identificarse con su cuerpo del dolor y a experimentar el milagro de un despertar súbito. Aunque ese despertar sea de corta duración, será la iniciación de todo el proceso. Uno de esos primeros despertares que pude observar ocurrió hace muchos años, eran casi las once de la noche cuando sonó el timbre de mi casa. Por el intercomunicador oí la voz angustiada de mi vecina Ethel. "Necesito hablar contigo, es muy importante, por favor déjame entrar". Ethel era una mujer madura, inteligente y muy culta. También tenía un ego fuerte y un cuerpo del dolor pesado. Había escapado de la Alemania nazi siendo adolescente y muchos de los miembros de su familia habían muerto en los campos de concentración. Ethel se sentó en mi sofá y, con manos temblorosas, sacó de una carpeta unas cartas y documentos que esparció por el sofá y por el piso. Tuve inmediatamente una extraña sensación, como si algún interruptor hubiera subido al máximo la intensidad de la luz dentro de mi cuerpo. No tuve más alternativa que permanecer abierto, alerta, intensamente presente, presente con cada célula de mi cuerpo. Esa conciencia le ayudó a amortiguar la cantidad de dolor absorbida de sus padres. Los padres suelen preguntarse cómo manejar el cuerpo del dolor de sus hijos. La primera pregunta es si están manejando el propio. ¿Lo reconocen dentro de sí mismos? ¿Pueden mantenerse lo suficientemente presentes cuando se activa para poder tomar conciencia de la emoción a nivel de las sensaciones antes de que pueda convertirse en pensamiento y, por tanto, en una "persona infeliz"? Mientras un niño sufre un ataque del cuerpo del dolor no es mucho lo que podamos hacer salvo estar presentes a fin de no dejarnos arrastrar hacia una reacción emocional y evitar así que el cuerpo del dolor del niño se alimente de ella. Los cuerpos del dolor pueden ser enormemente histriónicos y no hay que dejarse engañar por ellos. No hay que tomarlos muy en serio. Si el cuerpo del dolor se activó por que no se le dio gusto al niño, es preciso no ceder ante sus exigencias. De lo contrario, el niño aprenderá que "mientras más desgraciado soy, mayor es la probabilidad de obtener lo que deseo". Esta es la fórmula para la disfunción posteriormente en la vida. El cuerpo del dolor se frustrará al ver que los padres no reaccionan y seguramente exagerará su ataque un poco más, antes de tranquilizarse. Por suerte, los episodios del cuerpo del dolor suelen ser más breves en la infancia que en la edad adulta. Conviene hablar con el niño sobre lo sucedido cuando se serene, o al día siguiente. Pero no se trata de hablarle al niño sobre el cuerpo del dolor. Lo mejor es hacerle preguntas como, "¿qué te pasó ayer cuando no podías dejar de gritar? ¿Recuerdas? ¿Cómo te sentiste? ¿Te gustó esa sensación? ¿Tiene nombre eso que te sucedió? ¿No? ¿Si pudieras darle un nombre, cómo lo llamarías? ¿Querrías hacer un dibujo para explicar cómo fue? ¿Se durmió? ¿Crees que pueda volver?" Estas son apenas algunas sugerencias. El propósito de este tipo de preguntas es despertar en el niño su facultad para observar, es decir, su Presencia. De esta manera, el niño aprenderá a no identificarse con el cuerpo del dolor. También conviene que el padre hable con el niño acerca de su propio cuerpo del dolor, en unas palabras que el niño pueda comprender. La próxima vez que el cuerpo del dolor asuma el control del niño, se le puede decir, "ha regresado, ¿verdad?". Se deben utilizar las mismas palabras que el niño utilizó cuando habló al respecto y dirigir su atención hacia sus sensaciones. La actitud del adulto debe ser de interés o curiosidad, en lugar de crítica o condena. No es muy probable que con eso se pueda frenar al cuerpo del dolor y hasta podrá parecer que el niño ni siquiera escucha. Sin embargo, en el fondo quedará algo de conciencia, incluso durante los momentos en que esté activo el cuerpo del dolor. Con el tiempo, la conciencia se irá fortaleciendo mientras el cuerpo del dolor se debilita. El niño estará desarrollando más Presencia. Un día quizá suceda que sea el niño quien nos señale que nuestro cuerpo del dolor ha asumido el control sobre nosotros. No toda la infelicidad es del cuerpo del dolor. Una parte es nueva infelicidad, creada cada vez que no estamos en armonía con el momento presente, cuando negamos el ahora de una forma u otra. Cuando reconocemos que el momento presente es lo que ya está sucediendo y, por ende, es inevitable, podemos aportarle una actitud positiva de aceptación imparcial y no solamente no crear más infelicidad sino apropiarnos del poder de la Vida misma al eliminar toda resistencia. La infelicidad del cuerpo del dolor siempre es completamente desproporcionada en relación con su causa aparente. En otras palabras, es una reacción exagerada. Es así como se la reconoce, aunque generalmente no es la persona poseída quien la reconoce. Una persona con un cuerpo del dolor pesado encuentra fácilmente las razones para sentirse alterada, molesta, afligida, triste o temerosa. La miré sin pensar ni juzgar y la escuché atentamente, sin hacer comentarios mentales. De su boca brotaron las palabras a borbotones. "Hoy recibí otra carta perturbadora. Están fraguando una venganza en mi contra, debes ayudarme, debemos luchar juntos contra ellos. Esos abogados corruptos no se detendrán ante nada, perderé mi casa, me amenazan con expropiarme". Logré entender que se negaba a pagar la cuenta de los servicios porque los administradores del inmueble no habían realizado unas reparaciones. Ellos, por su parte, amenazaban con demandar. Habló durante cerca de diez minutos. Yo me limité a oírla en silencio. Súbitamente dejó de hablar, miró los papeles esparcidos por todas partes como si acabara de despertar de un sueño. Se calmó y dulcificó. Todo su campo de energía cambió. Después me miró y dijo, "esto realmente no tiene importancia alguna, ¿verdad?”. "No, no la tiene", respondí. Permaneció en silencio un par de minutos y después recogió sus papeles y se fue. A la mañana siguiente me detuvo en la calle y me dirigió una mirada de suspicacia. "¿Qué me hiciste? Anoche, por primera vez en muchos años, pude dormir bien. En realidad dormí como un bebé". Pensaba que yo le "había hecho algo", pero no era así. En lugar de hacerme esa pregunta, quizás ha debido preguntar sobre lo que yo no había hecho. No había reaccionado, no había confirmado la realidad de su historia, no había alimentado su mente con más pensamientos ni su cuerpo del dolor con más emoción. Le había permitido experimentar su experiencia de ese momento, y para permitir tal cosa es preciso no interferir y no hacer. Estar presente siempre es una vía mucho más poderosa que hacer o decir, si bien algunas veces el hecho de estar presente puede dar lugar a palabras o actuaciones. Aunque no se produjo en ella una transformación permanente, pudo vislumbrar lo posible, aquello que ya vivía en ella. En el Zen, ese destello se denomina satori. Satori es un momento de Presencia, es un instante en el cual dejamos de lado la voz mental, los procesos de pensamiento y su manifestación física en forma de emoción. Es el afloramiento de un espacio interior donde antes residían el tumulto y la perturbación causados por los pensamientos y las emociones. Como la mente pensante es incapaz de comprender la Presencia, suele interpretarla erróneamente. Nos acusará de indiferentes, distantes, crueles y de no establecer relaciones. La verdad es que sí nos relacionamos, pero a un nivel más profundo que el del pensamiento y la emoción. En realidad es que a ese nivel hay una verdadera comunión, una unión que va mucho más allá de la relación. En la quietud de la Presencia podemos sentir la esencia informe de nuestro ser y de los demás también. Reconocer la unicidad en nosotros mismos y en el otro es el verdadero amor, el verdadero interés y la verdadera compasión. Algunos cuerpos del dolor reaccionan solamente ante una determinada situación o ante un cierto factor desencadenante, el cual, por lo general, resuena con un determinado tipo de dolor emocional experimentado en el pasado. Por ejemplo; si un niño crece con padres para quienes el dinero es motivo de dramas y conflictos frecuentes, podría absorber el temor de sus padres con respecto al dinero y desarrollar un cuerpo del dolor que se activa cuando hay de por medio problemas económicos. Estas son personas que se molestan o se enojan por cantidades insignificantes de dinero. Detrás de su rabia o su molestia hay problemas de supervivencia y de temor intenso. Un niño abandonado o descuidado por sus padres en la infancia seguramente desarrollará un cuerpo del dolor que tenderá a activarse en todas las situaciones que resuenen con su sufrimiento primordial de abandono. El amigo que llega tarde a recogerlo en el aeropuerto o el cónyuge que llega tarde a la casa puede desencadenar un gran ataque del cuerpo del dolor. Si su compañero o cónyuge los abandona o se muere, el dolor emocional que sienten es mucho más intenso que el que sería natural en una situación como ésa. Podría manifestarse en forma de angustia intensa, depresión debilitante o ira obsesiva. La niña víctima del abuso de su padre podrá descubrir que su cuerpo del dolor se activa fácilmente en cualquier relación cercana con un hombre. O la emoción constitutiva de su cuerpo del dolor puede empujarla hacia un hombre cuyo cuerpo del dolor es semejante al de su padre. Su cuerpo del dolor puede sentir una atracción magnética hacia alguien que pueda alimentarlo con el mismo dolor. A veces, ese dolor puede interpretarse equivocadamente como enamoramiento. Un hombre que vino al mundo sin ser deseado y no recibió amor sino apenas un mínimo de cariño y atención de su madre, desarrolló un cuerpo del dolor pesado y ambivalente constituido por un intenso anhelo insatisfecho por el amor y la atención de su madre, y al mismo tiempo un odio profundo hacia ella por negarle lo que necesitaba desesperadamente. Al llegar a la edad adulta, casi todos los hombres desencadenaban la carencia de su cuerpo del dolor (una forma de dolor emocional) la cual se manifestaba como una compulsión adictiva por "conquistar y seducir" prácticamente a todas las mujeres a quienes conocía a fin de obtener el amor y la atención femenina de los cuales estaba sediento su cuerpo del dolor. Llegó a ser muy experto en seducción, pero tan pronto como la relación llegaba a la intimidad o alguna mujer lo rechazaba, la ira contra su madre se apoderaba de él y acababa con la relación. Cuando aprendemos a reconocer el afloramiento de nuestro cuerpo del dolor, aprendemos rápidamente cuáles son los factores que lo activan, trátese de situaciones o de ciertas cosas que los demás dicen o hacen. Tan pronto como se presentan esos factores, los reconocemos inmediatamente por lo que son y entramos en un estado de alerta. Al cabo de uno o dos segundos también notamos la reacción emocional que cobra forma en el cuerpo del dolor, pero en el estado de Presencia alerta no nos identificamos con él, lo cual significa que el cuerpo del dolor no puede apoderarse de nosotros y convertirse en la voz de la mente. Si nos encontramos en ese momento con nuestra pareja, podemos decirle: "lo que acabas de decir (o de hacer) activó mi cuerpo del dolor". Así, podemos establecer un acuerdo según el cual cada vez que alguno de los dos diga o haga algo que active el cuerpo del dolor del otro, lo mencionamos inmediatamente. De esta manera, el cuerpo del dolor no puede renovarse a través del drama en la relación y, en lugar de sepultarnos en la inconciencia, nos ayudará a estar completamente presentes. Cada vez que estamos presentes cuando el cuerpo del dolor se manifiesta, parte de la energía emocional negativa se quema, por así decirlo, y se transmuta en Presencia. El resto del cuerpo del dolor se retirará rápidamente a la espera de una oportunidad más propicia para aflorar nuevamente. Es decir, cuando estemos menos conscientes. El cuerpo del dolor tendrá una mejor oportunidad cuando perdamos Presencia, quizás después de beber unos tragos o mientras vemos una película violenta. La emoción negativa más insignificante como estar irritados o ansiosos también puede servir de puerta para el regreso del cuerpo del dolor. El cuerpo del dolor necesita de la inconciencia. No tolera la luz de la Presencia. EL CUERPO DEL DOLOR COMO MEDIO PARA DESPERTAR A primera vista, parecería que el cuerpo del dolor es el mayor obstáculo para el despertar de la nueva conciencia de la humanidad. Ocupa nuestra mente, controla y distorsiona nuestro pensamiento, perturba nuestras relaciones y se siente como una especie de nube negra que invade todo nuestro campo de energía. Tiende a llevarnos a la inconciencia, hablando en términos espirituales, a la identificación total con la mente y la emoción. Nos pone a la defensiva, nos lleva a decir y hacer cosas destinadas a acrecentar la infelicidad interior y la del mundo. Sin embargo, a medida que crece la infelicidad, más se altera la vida. Podrá llegar el momento en que el cuerpo no soporte más la tensión y desarrolle una enfermedad o alguna disfunción. Podríamos sufrir un accidente o caer en una situación de intenso conflicto o drama como consecuencia del deseo del cuerpo del dolor de que suceda algo malo. Podríamos incluso llegar a cometer actos de violencia física. O podríamos llegar hasta el punto de no soportar un día más nuestro ser infeliz. Y claro está que el cuerpo del dolor es parte de ese falso ser. Cada vez que el cuerpo del dolor se apodera de nosotros, cada vez que no lo reconocemos por lo que es, pasa a ser parte del ego. Todo aquello con lo cual nos identificamos se convierte en ego. El cuerpo del dolor es una de las cosas más poderosas con las cuales se identifica el ego, y necesita de él para renovarse. Sin embargo, esa alianza malévola con el tiempo se deshace cuando el cuerpo del dolor es tan pesado que en lugar de fortalecer las estructuras egotistas de la mente, las debilita a través del ataque constante de su carga energética, de la misma manera que la corriente activa un aparato electrónico pero puede fundirlo si el voltaje es demasiado alto. La gente cuyo cuerpo del dolor es muy fuerte, llega a veces a un punto en el que la vida se torna intolerable, donde ya no puede soportar más dolor ni más drama. Una persona lo expresó diciendo sencillamente que estaba "hastiada de ser infeliz". Algunas personas pueden sentir, como me sucedió a mí, que ya no pueden vivir consigo mismas. Por tanto, la paz interior pasa a ser la primera prioridad. La fuerza intensa del dolor emocional las lleva a dejar de identificarse con el contenido de su mente y las estructuras mentales y emocionales que han dado origen a su "ser infeliz" y que lo perpetúan. Entonces reconocen no ser ni su historia de infelicidad ni la emoción que están sintiendo. En lugar de empujarlas hacia la inconsciencia, el cuerpo del dolor se convierte en el vehículo para despertar, en el factor decisivo que las obliga a asumir el estado de Presencia. Sin embargo, debido al influjo sin precedentes de conciencia que estamos experimentando actualmente en el planeta, muchas personas ya no necesitan caer en el abismo profundo del sufrimiento agudo para dejar de identificarse con su cuerpo del dolor. Cada vez que notan que han caído en un estado disfuncional, pueden optar por salir de esa identificación con el pensamiento y la emoción y entrar en estado de Presencia. Renuncian a resistirse, entran en un estado de alerta, quietud y unión con aquello que es, tanto interna como externamente. El paso siguiente de la evolución humana no es inevitable pero, por primera vez en la historia de nuestro planeta, podrá ser producto de una decisión consciente. ¿Quién toma la decisión? Usted. ¿Y quién es usted? La conciencia que ha tomado conciencia de sí misma. LA LIBERACIÓN DEL CUERPO DEL DOLOR Una pregunta frecuente es: "¿cuánto tiempo se necesita para liberarse del cuerpo del dolor?" Eso depende de la densidad del cuerpo del dolor y del grado o intensidad del estado de Presencia de la persona. Pero la causa del sufrimiento que nos infligimos e infligimos a los demás no es el cuerpo del dolor sino la identificación con él. No es el cuerpo del dolor sino la identificación con él la que nos empuja a revivir el pasado una y otra vez y la que nos mantiene en un estado de inconsciencia. Por consiguiente, sería más importante preguntar lo siguiente: "¿Cuánto tiempo se necesita para dejar de identificarse con el cuerpo del dolor?" Y la respuesta a esta pregunta es que no se necesita tiempo. Cuando se activa el cuerpo del dolor debemos reconocer que lo que sentimos es el cuerpo del dolor interno. Ese reconocimiento es todo lo que se necesita para romper la identificación con el cuerpo del dolor. Y cuando la identificación cesa, comienza la transmutación. El hecho de saber impide que la vieja emoción se suba a la cabeza y se apodere no solamente del diálogo interno sino también de nuestros actos y de nuestras interacciones con los demás. Esto significa que el cuerpo del dolor queda imposibilitado para renovarse a través de nosotros. Entonces la emoción permanece en nosotros durante un tiempo y emerge periódicamente. Ocasionalmente puede también engañarnos para que nos identifiquemos con ella y no podamos ver la identificación, pero no por mucho tiempo. El hecho de no proyectar las viejas emociones sobre las situaciones implica tener que enfrentarlas directamente en nuestro interior. Si bien puede no ser agradable, no nos matará. Nuestra Presencia es más que capaz de repelerla. La emoción no es nuestra esencia. Cuando sienta su cuerpo del dolor, no caiga en el error de pensar que hay algo malo en usted. Al ego le encanta cuando nos convertimos en problema. El reconocimiento debe ir acompañado de aceptación. Cualquier otra cosa lo debilitará. Aceptar implica permitirnos sentir lo que sea que estemos sintiendo en el momento. Es parte de la existencia del Ahora. No podemos discutir con aquello que es. Bueno, sí se puede, pero a costa del sufrimiento. Aceptando nos convertimos en lo que somos: vastos y espaciosos. Nos convertimos en el todo que somos, dejamos de ser un fragmento como lo cree el ego y damos paso a nuestra verdadera naturaleza. Y entonces somos uno con la naturaleza de Dios. Eckhart Tolle ("Una Nueva Tierra") Dey.contigoficial

domingo, 6 de junio de 2021

Como cumplir mis propósitos. 2021. (Para qué -constelaciones Brigitte)

Texto DEJA de la peli comer, rezar, amar....precioso

"DEJA" Deja que las cosas se rompan, deja de esforzarte por mantenerlas pegadas. Deja que la gente se enoje. Deja que te critiquen, su reacción no es tu problema. Deja que todo se derrumbe, y no te preocupes por el después. ¿A dónde iré? ¿Qué voy a hacer? Nadie se ha perdido nunca por el camino, nadie se quedó sin refugio. Lo que está destinado a irse se irá de todos modos. Lo que tenga que quedarse, seguirá siendo. Demasiado esfuerzo nunca es buena señal, demasiado esfuerzo es signo de conflicto con el universo. Relaciones. Trabajos. Casa. Amigos y grandes amores. Entrega todo al creador, riega cuando puedas, ora y baila, pero luego deja que florezca lo que debe y que las hojas secas se caigan solas. Lo que se va siempre deja espacio para algo nuevo, esa es la ley universal. Y nunca pienses que ya no hay nada bueno para ti, solo que tienes que dejar de contener lo que hay que dejar ir. Solo cuando tu viaje termine, entonces terminarán las posibilidades, pero hasta ese momento, deja que todo se derrumbe, deja ir, déjalo ser. - Elizabeth Gilbert, "Come, Reza y Ama". Imagen en la red

miércoles, 24 de febrero de 2021

10 películas para elevar la conscienia

https://meditacionyespiritualidad.wordpress.com/2018/12/14/peliculas-despertar-de-conciencia/

Mujer y cine

https://lalentevioleta.files.wordpress.com/2012/06/arquetipos-de-gc3a9nero.pdf

Taller emprende Mujer Holística

https://mujerholistica.com/espiritual-curso Nota: también leer los e mails de sus clases Emprende.

Comunicación persuasiva (Storytelling)

Estrategias de comunicación persuasiva para hacer storytelling para psicólogos Cuando comiences a redactar tu historia, apóyate en estrategias de comunicación persuasiva, como por ejemplo: 1 – Hablar claro. Esto implica: Un lenguaje directo (que no agresivo). Frases cortas. Palabras simples. No dar muchas ideas diferentes. Ojo aquí con comunicar de manera “más espiritual de lo debido”. Recuerda en qué etapa está tu cliente. 2 – Utiliza la primera persona. Las biografías en tercera persona alejan más al lector. Tu objetivo es simular que se lo estás contando tú así que mientras puedas, escribe en primera persona. 3 – Utiliza la segunda persona (tú) para hablar al lector. Estamos emulando una conversación, y la gente no te lee en grupo detrás de la pantalla. Así que eso de “vosotros”… No. 4 – Habla de cómo te sentías y de cómo se puede sentir tu cliente. Tu cliente ahora mismo tendrá un caos de argumentos y valoraciones en su cabeza que le confunden. Lo que necesita es que alguien ponga palabras a lo que está sintiendo. Se creativo y específico: Usa palabras que impliquen estado emocional: “confusión, pereza, desánimo, o entusiasmo, curiosidad, deseo,…” Usa verbos que demuestren cambio y acción: “conseguir, superar, alcanzar…” Todos transmiten cosas distintas. ¿Cuál usaría tu cliente? 5 – Utiliza las mismas palabras que utilizaría tu cliente o usabas tú en el pasado. Son las que más le van a llegar y va a sentir que le “lees la mente”. 6 – Evita hablar de cambios mágicos, tópicos y promesas vacías. Tu cliente no espera que le solucionen la vida de la noche a la mañana. De hecho ahora mismo ni siquiera cree que haya solución. Probablemente le parezca más creíble decirle que con paciencia, trabajo y cariño todo se arregla. 7 – Cuando quieras darte autoridad nombra tus formaciones, títulos, etc., pero no les des el peso máximo, simplemente enuméralos. Habla de que has encontrado un método/un proceso/unas herramientas, que surge a partir de todo eso. 8 – Habla de tu método o de tu concepto principal. Esto apela a la curiosidad y muestra algo “diferente” que nunca habían oído. 9 – Evita juzgar: por ejemplo a tu competencia o a los que no lo hacen como tú. 10 – Déjales claro que para ti es tu misión vital ayudarles, porque les entiendes y sabes que necesitan ayuda. 11 – Y por último, envía un mensaje positivo: el cambio es posible y tú eres la persona para ayudarles. ¡Ahora te toca a ti! Repasa el camino que te ha traído hasta aquí, el por qué de la persona que eres ahora, y aplica las estrategias de storytelling para psicólogos. ¿Reconoces esas experiencias que te han marcado y que te han convertido en la persona que eres ahora? ¿Tienes anécdotas que te ayuden a explicar conceptos difíciles? Te leo 🙂

sábado, 20 de febrero de 2021

lunes, 8 de febrero de 2021